Mucho se ha hablado –injustamente-
de que Pío Baroja era misógino, antisemita, malcarado; vamos, ¡un ogro de tomo
y lomo! Pero, ¿realmente lo fue? Ojeando-releyendo El árbol de la ciencia (Ed. Cátedra), cualquiera diría que Andrés
Hurtado (alter ego del propio Baroja)
lo fuera. ¿Por qué digo esto? No negaré el carácter antisocial de
Hurtado/Baroja a lo largo de la novela, pero en el fondo, es un buen tipo. Hosco,
si, pero hecho de buena pasta. El final de la obra, triste, nos confirma que el
hombre huraño no lo era tanto. Muerto el hijo que esperaba junto a su esposa Lulú,
el ogro, no duda un momento en
quitarse la vida por semejante tristeza. ¿Por qué los malos críticos –literarios-
de la obra barojiana insisten en colgarle el sambenito de la carencia de sentimientos?
Baroja, sin ser un Azorín, un Pérez de Ayala, o un Miró (Gabriel), en cuanto al
dominio del idioma se refiere, consigue elevarse por encima de todos los escritores de
su generación (Azorín la bautizó como “la del 98” ), y lo hace justamente a
través de sus sentimientos e impresiones. El hombre frío y cerebral resulta que
no lo era tanto.
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viernes, 19 de julio de 2013
lunes, 20 de mayo de 2013
Pío Baroja y Michele Angiolillo
Después se habló de la muerte del
presidente y de la ejecución próxima del anarquista su matador. Todo el mundo
abominaba de éste, considerándolo como una fiera rabiosa a quien había que
exterminar y someter al tormento.
Jaime lo defendió con entusiasmo; para
él era un romántico, un idealista, y pasaría a la historia en calidad de héroe.
Nadie le tomó en serio.
Pío Baroja,
autor irrepetible de las letras españolas, dejó escrito esto sobre Michele
Angiolillo en su novela: Las noches del Buen Retiro (Tusquest Editores, Barcelona, 2006).
La historia
no ha conservado la memoria de Angiolillo, es más, se la ha tragado como a
todos nos pasará algún día con nuestro recuerdo como personas que una vez pasamos por el mundo. El romántico e idealista Baroja, haciendo acopio de energía literaria, aprovechó esta
novela concluida en Itzea (Guipúzcoa), en octubre del año 1933, para recordar
la figura –imagino que ya olvidada treinta y seis años después de su ejecución
(recordemos que Angiolillo murió en agosto de 1897)- del ilustre asesino de
Cánovas del Castillo; del que, sirviéndose de su alter ego en la novela, Jaime Thierry, hacer decir sobre el mismo: como político le parecía perjudicial y como
literato e historiador muy malo y de última fila.
viernes, 12 de abril de 2013
Pío Baroja (poema de Antonio Machado)
En Londres o Madrid, Ginebra o Roma,
ha sorprendido, ingenuo paseante,
el mismo taedium vitae en vario idioma,
en múltiple careta igual semblante.
Atrás las manos enlazadas lleva,
y hacia la tierra, al pasear, se inclina;
todo el mundo a su paso es senda nueva,
camino por desmonte o por rüina.
Dio, aunque tardío, el siglo diecinueve
un ascua de su fuego al gran Baroja,
y otro siglo, al nacer, guerra le mueve,
que enceniza su carta pelirroja.
De la rosa romántica, en la nieve,
él ha visto caer la última hoja.
domingo, 1 de mayo de 2011
El Mundo de Baroja
No lo puedo negar, soy un enamorado de la literatura de Pío Baroja. No fue un escritor grandilocuente, como por ejemplo Ramón Pérez de Ayala, que dominaba el lenguaje como nadie –en el prólogo de El aprendiz de conspirador, nos dice con su tradicional rudeza, que había sido acusado por el vicario del pueblo (Itzea, Navarra) de escribir en castellano como si tradujera del vascuence-, pero ha pasado a la historia de nuestra literatura como uno de los grandes. Baroja fue un escritor comprometido y crítico con su tiempo, como lo fue Charles Dickens con Londres en la Inglaterra victoriana. Su descripción de la city y su sociedad es admirable. El donostiarra hizo lo propio con Madrid (recordemos la trilogía la Lucha por la vida: La Busca, Mala hierba y Aurora Roja).
En Inglaterra han cuidado sobremanera la memoria de Dickens, en cambio en España no, y muy especialmente Madrid ¿Por qué? No lo entiendo, pero bueno, aquí va una idea (imitación) de lo que podríamos hacer con el recuerdo de don Pío. Charles Dickens tiene una casa museo en Londres (http://www.dickensmuseum.com//), ¿por qué no se realiza un museo barojiano en Madrid que honre su figura?; y segundo, hace poco fue levantado en Chatham Maritime un Parque de Atracciones inspirado en la obra de Dickens (http://www.dickensworld.co.uk/index.php?option=com_content&task=view&id=14&Itemid=28), ¿resultaría tan descabellado hacer lo propio con la obra del donostiarra en España? Ojalá el alcalde de Madrid lea este post y se le ocurra imitar a los ingleses, aunque se antoja harto complicado.
España ha sido una tierra fecunda de escritores, y es probable que tanto homenaje a su figura provoque un claro agravio comparativo con el resto, pero no estaría de más un reconocimiento más sonoro por parte de nuestras instituciones. ¡Aquí dejo la idea!, aunque estoy seguro que al propio Baroja todo esto le parecería algo necio.
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