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viernes, 2 de marzo de 2012

Préstamos lingüísticos

Desde siempre he sentido curiosidad por el intercambio lingüístico, y prueba de ello es mi perplejidad por las palabras tiza y gis. La primera ha sido hasta la fecha asociada en España como instrumento que sirve para escribir en los encerados o tradicionales pizarras escolares. La segunda, en idénticas circunstancias en México. Pero vayamos al Diccionario de la Real Academia a buscar el sentido etimológico de tiza. La palabra tiene tres acepciones, siendo la primera la más representativa: arcilla terrosa blanca que se usa para escribir en los encerados y, pulverizada, para limpiar metales. Ahora bien, vemos que la palabra es… ¡de origen nahua!, es decir, americana. Por el contrario, si acudimos a buscar el significado de gis, esta nos remite a la palabra de origen francés clarión, que quiere decir: pasta hecha de yeso mate y greda, que se usa como lápiz para dibujar en los lienzos imprimados lo que se ha de pintar, y para escribir en los encerados de las aulas. Ahora bien, si nos quedamos a secas con gis, encontramos que esta palabra procede del latín gypsum, que quiere decir yeso.
Ahora vayamos al Diccionario del español de México (DEM) del Colegio de México a buscar un significado para ambas palabras. Empezaremos con gis. Este vocablo no parece tener origen etimológico, pero si tiene dos acepciones, de las cuales me serviré de la primera que aparece: pasta sólida hecha de yeso, generalmente de forma cilíndrica y alargada, que sirve para escribir en un pizarrón, para marcar telas, etcétera. La palabra tiza no existe en éste diccionario tan marcadamente nacionalista e identitario mexicano que le debemos a Luís Fernando Lara Ramos.
El idioma es un universo fascinante, y los prestamos lingüísticos están a la orden del día… pese a los puristas.

lunes, 31 de mayo de 2010

Tecnolítico


Consultando en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la palabra tecnolítico, veo que no aparece. ¿Por qué? Porque todavía no existe. Pero de algo estoy seguro, existirá. ¿Cuando? No lo sé, pero tarde o temprano llegará ese día. ¿En que me baso para hacer semejante afirmación? Releer la historia de la Humanidad, concretamente el periodo, mal llamado Prehistórico, [que se divide en tres etapas –o más, según entendidos- básicas: 1) Edad de piedra: dividida en paleolítico y neolítico –grosso modo-; 2) Edad de bronce: calcolítico, y 3) Edad de hierro], me ha brindado esta reflexión.
Nos centraremos en el pulimentado de la piedra, es decir, en el paleolítico y en el neolítico. Paleo, según el diccionario de la RAE, quiere decir: antiguo o primitivo. Neo, creo que huelga decir, nuevo.
Volviendo a nuestra Era, al mundo actual, podríamos definir el tecnolítico, como el periodo de la historia de la Humanidad, comprendido entre las primeras revoluciones industriales –mediado del siglo XVIII-, y el final de la II Guerra Mundial, y el advenimiento de la Guerra Fría.
Este periodo de la Humanidad, se puede dividir en paleotecnolítico –Spinning Jenny, el nacimiento del ferrocarril, etc...-, y neotecnolítico. De hecho, nos hallamos en plena efervescencia de este periodo. Desde que la industria militar estadounidense, en tiempos de Ronald Reagan, facilitara a su ciudadanía, y por ende al conjunto de la Humanidad, internet, el mundo ha evolucionado a pasos de gigante. Las telecomunicaciones se han visto favorecidas por este avance tecnológico, resultando el binomio total y apabullante en la actualidad.
Ahora bien, es lógico pensar en el mañana de la tecnología. ¿Estamos en camino de una nueva Edad? No es descabellado pensarlo, ya que nuestra historia, la historia del homo sapiens sapiens, está plagada de cambios –físicos y tecnológicos-. Partiendo del paralelismo Tecnolítico-Edad de piedra, ¿cómo será la nueva Edad de bronce en los siglos venideros? No me atrevo a pensar en la futura Edad de hierro. No lo concibo, puesto que mi mente no es capaz de imaginar lo inimaginable. Pero ahí va un intento, nuestro porvenir será menos humano. Nuestras emociones estarán condicionadas por la tecnología, como ya está pasando hoy día –mirar la legión de fans de iPad, redes sociales al estilo Facebook o Twitter, etc... -. La unión tecno-comunicativa logrará que la información fluya de un rincón a otro del planeta en cuestión de segundos, los periódicos y blogs –como este mismo-, ayudarán a difundir el evangelio del futuro, pero el contacto entre nosotros, los seres humanos se limitará a encender y a apagar el ordenador. Ahí se cierra el círculo virtuoso de la tecnología y la comunicación.