miércoles, 27 de febrero de 2013

¡Fútbol es fútbol!

¡Quien ríe último, ríe mejor!, reza el refranero popular español. Ayer el Real Madrit le enchufó tres goles al Barça en el Camp Nou, obteniendo así el pase para la final de la Copa del Rey que se celebrará el próximo dieciocho de mayo. ¡Tres golitos! No está nada mal la proeza para un equipo que el pasado doce de enero empató cero a cero contra Osasuna en El Sadar, y que la no-caverna mediática (Joan Laporta, dixit) barcelonista y barcelonesa no tuvo reparo alguno en burlarse (la portada del diario Sport del pasado trece de enero es un claro ejemplo).
Hace unas semanas, TV3, la televisión pública de Cataluña, la nostra!, hizo un reportaje deleznable comparando a los jugadores del Madrit con hienas. Pidió disculpas por ello, pero el Madrit le reclama al ente público que pagamos todos los catalanes, seis millones de euros por los daños y perjuicios ocasionados a su imagen pública. ¿Cómo acabará la trifulca?
En cualquier caso, me pregunto como desde la central lechera azulgrana (Josep Guardiola, dixit) se puede ser tan poco autocrítico con el entorno (Johan Cruyff, dixit). En la actualidad, el establishment barcelonista vive en la más absoluta autocomplacencia, dedicándose a criticar los defectos de su máximo rival (el Madrit), y olvidando en todo momento que también ellos también hacen lo propio.
¡Fútbol es fútbol!, decía Boskov. Realmente si lo es. It´s just a game!
 

miércoles, 30 de enero de 2013

Releer a Boccaccio

Un buen libro es como un viejo amigo al que no se ve desde hace tiempo, ya que siempre que se acude a el, te va a ofrecer el mismo consejo. Ese viejo amigo, en este caso, el Decamerón de Boccaccio. Su relectura es una bocanada de aire fresco en mí ser. El libro, que apareció entre 1351-52 y 1354, poco después de la terrible Peste Negra que asoló a la Europa occidental en 1348, es una buena muestra de cómo hay que tomarse la vida en los momentos de crisis. La filosofía del libro se podría reducir a una frase o axioma básico: es mejor hacerlo y arrepentirse, que no hacerlo y arrepentirse. La fuerte impresión que la Muerte debió dejar en Boccaccio, debió de afectar sobremanera su forma de entender la realidad radical que es la Vida.
Ahora estamos viviendo otra crisis no tan mortífera como la bubónica, pero que hace estragos de igual forma.
 

Las enseñanzas mundanas de este autor medieval, siguen vigentes hoy día, y su lectura no hará más que transmitir ánimos a todos aquellos que se toman demasiado enserio las penurias económicas, olvidando que mientras se tenga salud, uno puede afrontar cualquier reto o riesgo vital con esperanza.